domingo, 20 de marzo de 2016

6 La enfermedad familiar del alcoholismo.



EL PAPEL QUE NOS CORRESPONDE
La toma de conciencia  comienza con el aprendizaje  sobre la enfermedad  familiar  del alcoholismo.  Cada persona vinculada  a  un alcohólico (amigos, colegas, familiares, así como el mismo alcohólico)  desempeña  un papel en la dinámica de la enfermedad. Para poder   introducir  cambios   en    nuestras circunstancias,  debemos  descubrir  cuál es el papel que desempeñamos. En   general,  los   alcohólicos actúan,  y nosotros, que nos relacionamos  con ellos, reaccionamos.  El    alcohólico   activo   se emborracha,   se    comporta   irracional   o irresponsablemente,   y  se  transforma en  el centro de  atención. Los  que  lo  rodeamos reaccionamos ante  la  bebida y  sus consecuencias. Al   estar   intoxicados,  los alcohólicos no se preocupan por los problemas que crean sus acciones; son los que lo rodean los que se preocupan  por él. Creemos  que debemos  asumir la responsabilidad  de hacer por los alcohólicos  lo que ellos no parecen poder o querer hacer por sí solos.
Al  principio muchos  sinceramente nos preocupamos,  y tan sólo queremos ayudar a un familiar o amigo que obviamente no está bien; pero a medida que pasa el tiempo y la situación empeora, dejamos de reconocer que tenemos una  opción en  este  asunto. En realidad, las opciones disponibles para algunos de  nosotros en  el  pasado eran  bastante limitadas. Los que crecieron en contacto con el alcoholismo o que tuvieron que encarar la agresión pueden haber sido obligados a llevar
a cabo ciertas acciones en nombre del alcohólico para su propia seguridad. Al final, aunque no exista un peligro real, la mayoría hemos llegado a creer que nuestra ayuda es imperativa, ya sea que la queramos ofrecer o no.  El  alcohólico se  torna  más  y  más dependiente. Después de  un  tiempo, no podemos imaginarnos permitirle que  siga durmiendo  durante otro día de trabajo sin llamar para informar que está enfermo, o permitir que se pase por alto otro cheque sin fondos. Es preferible ahora quedarse en casa para no correr el riesgo de otra humillación en público. Muchos somos incapaces de tolerar la tensión de  esperar que se  manifiesten  las consecuencias  del alcoholismo;  nos sentimos obligados a intervenir.
Los  alcohólicos actúan y  nosotros reaccionamos.  Nadie puede decirle nada al bebedor; él  lleva  las  riendas.  El  alcohol promueve una confianza y sentido exagerado de bienestar y confianza lo que incita a que el bebedor se comporte como un pequeño dios con todas las respuestas. Al mismo tiempo el bebedor se vuelve cada vez más irracional. En respuesta, discutimos,  tratando de que actúe de modo más realista. Es fundamental probar que tenemos razón. Con el paso del tiempo, continuamos justificando nuestra situación; sin embargo,  frente  a   la   vehemencia del alcohólico, comenzamos a dudar de nosotros y de nuestras  percepciones.  Si el alcohólico nos dice que bebe por culpa nuestra, porque somos escandalosos   o  desobedientes,   nos volvemos compulsivamente silenciosos o nos esforzamos por ser completamente obedientes día y noche, sin importar lo que nos cueste. Más adelante, cuanto más confiado parece el alcohólico, más  inseguros nos  volvemos nosotros. Empezamos a aceptar aún lo que es erróneo. Hacemos todo lo que se nos exige para evitar conflictos, sabiendo que nunca podemos ganar ninguna discusión o convencer al alcohólico de que tenemos razón. Perdemos la capacidad de decir “no”.
Las mismas pautas se  aplican cuando el alcohólico que forma parte de nuestras vidas hace promesas  que no puede cumplir. Por ejemplo, prometen no perder otro partido de la liga infantil, otra reunión de negocios u otro compromiso para cenar. Juran que la próxima vez no beberán, o que no se quedarán fuera toda la noche, o que no se pondrán violentos. O prometen usar la fuerza de voluntad. Pasan a la cerveza, pensando que la cerveza tendrá menos poder sobre ellos que las bebidas más fuertes. O se deshacen de toda la bebida en la casa   para   después,  impulsados por   la enfermedad, verse  obligados a   consumir cualquier forma de alcohol,  ya sea enjuague bucal o jarabe para la tos. Otra vez reaccionamos. Olvidamos cientos de promesas rotas  en  el  pasado, y  pensamos que  los
alcohólicos pueden controlar efectivamente su compulsión. Decidimos que todo va a cambiar ahora,  ¡será  mejor!  Negamos lo  que  la experiencia pasada  nos   ha   enseñado,  y creemos en las promesas con todo nuestro corazón.  Preparamos  así una decepción  casi inevitable.  Luego,  cuando  los alcohólicos  no pueden dominar el  alcoholismo, una enfermedad  que está más allá de  nuestro control, nos sentimos devastados, resentidos y furiosos. Nos consideramos víctimas indefensas y no podemos reconocer que nos hemos ofrecido voluntariamente   para  ese papel, decidiendo creer de todo corazón en lo que  sabíamos por  experiencia propia que probablemente no sucedería.
Los que no hemos estado en contacto con un  alcohólico por  muchos años podemos continuar reaccionando también a modelos de comportamiento alcohólico. La  escasa autoestima, que es el resultado de fracasos y episodios pasados de maltrato o negligencia, persiste. Debido al amor o a la atención que nunca recibimos en el pasado, recurrimos  a gente que no  está disponible. Evitamos el conflicto, pero ahora lo hacemos con empleadores, con  otros  familiares o  con personas con autoridad, en lugar de encarar al alcohólico. O buscamos el conflicto, pensando que la mejor defensa es una buena ofensiva. Si presentimos  un enfrentamiento,  creamos otra situación  y nos peleamos  por cualquier otra cuestión. Muchos nos acostumbramos tanto a vivir en el caos y en la crisis que nos sentimos totalmente perdidos sin ellos. Como consecuencia, cuando todo funciona bien, nos saboteamos  a nosotros  mismos,  y con esto creamos una crisis. Esto nos puede hacer sentir muy desdichados,  pero por lo menos sabemos cómo actuar en tal situación. También puede  ser  que  prolonguemos la existencia   de    diversos   comportamientos compulsivos sin tener la más mínima idea de qué  nos  lleva a  hacerlo. Las  técnicas de supervivencia  que desarrollamos  al convivir con  esta  enfermedad activa se  han transformado en una forma de vida. Quizás nunca se nos haya ocurrido  que exista otra forma de existencia.
Esta pauta también persiste en la sobriedad. Muchos  hemos sido testigos  de periodos  de “borrachera seca” de nuestros seres queridos sobrios; durante los mismos, el comportamiento del alcohólico en la sobriedad parece idéntico al de los días de alcoholismo activo. Por supuesto, la mayoría de nosotros también  retrocede a   su   comportamiento anterior.  Aún si nuestro ser querido es un modelo de sobriedad,  el temor de que el alcohólico vuelva a  beber,  el  deseo  de controlar su  sobriedad, resentimientos no resueltos desde la época de alcoholismo activo y cambios de personalidad o de estilo de vida que  tienen  lugar  durante la  recuperación, pueden desencadenar reacciones enfermizas en  aquellos que  nos preocupamos por  un alcohólico  en   vías  de   recuperación. La enfermedad y  sus  efectos persisten en  la sobriedad. A menos  que nosotros,  amigos y familiares, elijamos la   recuperación para nosotros, la  dinámica de  la  enfermedad continuará dominando nuestras relaciones.

RECONOCIENDO  NUESTRAS OPCIONES
Los alcohólicos  actúan y los familiares  y amigos reaccionan. La mayor parte del tiempo reaccionamos porque  no   sabemos  que tenemos opciones. Es automático. En Al-Anon se nos recuerda que hay opciones. El hecho de que el alcohólico se emborrache, simule, no cumpla  una obligación,  diga que el cielo es anaranjado o haga y rompa una promesa, no quiere decir que aquellos que se preocupan por él deban seguir haciendo lo que hacían
antes.  No  estamos  encerrados. Tenemos opciones.
Es como si sostuviéramos una soga por un extremo y el alcohólico estuviera del otro lado, y  comenzáramos a  tirar.  La  mayoría reaccionaríamos automáticamente. Tiraríamos hacia nosotros. Nunca se nos ocurre que no es necesario jugar. Si conociéramos las opciones, podríamos  decidir soltar la  soga. No hay competencia a menos que las dos partes sigan aferradas a la soga. Al tomar nota de lo que hacemos  en reacción  al comportamiento  del alcohólico,  comenzamos  a ver las decisiones que inconscientemente ya estamos adoptando. Con un nuevo análisis, una plática con otros miembros de Al-Anon y la utilización de los lemas y los Pasos, podemos descubrir nuevas opciones que nunca supimos que existían. Tal vez hasta decidamos soltar la soga.
Por ejemplo, algunos alcohólicos se sienten culpables por su necesidad de beber y  les
resulta más fácil echarle la culpa de la bebida a otra  persona. Esos  alcohólicos a  menudo provocan a  los que lo  rodean tratando de comenzar una discusión o de crear una crisis. Los que trabajamos  o vivimos con ellos en general reaccionamos  ante esta provocación, contestando  los argumentos,  defendiéndonos contra  acusaciones injustas, haciendo acusaciones  propias. Al final el alcohólico obtiene precisamente   lo  que buscaba: una excusa para beber. Los alcohólicos  secos o sobrios a veces usan las mismas tácticas para desviar la atención de un tema o situación que les resulta incómodo.  Soltar la soga quiere decir  reconocer las  pautas  y  no  seguir haciendo la  misma cosa.  Observamos el comportamiento   provocativo   y  nos damos cuenta exactamente  de lo que hacemos  en respuesta a eso.
El      alcohólico     puede      provocarnos acusándonos de  ser  perezosos, y  nosotros
reaccionamos haciéndonos los  mártires  y enumerando todo lo que hacemos por él. A su vez, al alcohólico  le molesta nuestra actitud mojigata, y por eso nos sentimos sin afecto y con pena de nosotros mismos. La discusión pronto  se transforma  en una pelea que casi siempre termina de  la  misma forma: el alcohólico explota y se va al bar más cercano. Una vez que tenemos claro el papel que nos corresponde,  podemos elegir una respuesta diferente. Por ejemplo, la próxima vez que se nos acuse de ser perezosos, podríamos decidir no  reaccionar. Podríamos permanecer en silencio o  simplemente   cambiar de  tema. Podríamos salir de la habitación u ocuparnos en  alguna tarea. Podemos dedicar un momento   para    reconocer ante   nosotros mismos que la acusación no es real, y que es debido a la enfermedad del alcoholismo  que nuestro ser querido se expresa de una u otra forma.  O,  sabiendo que  a  veces  somos perezosos, podríamos sonreír con simpatía y estar de acuerdo. Las respuestas no son ni correctas ni  equivocadas. La  mayoría nos damos cuenta de que no importa tanto la forma en que interrumpamos la pauta sino que lo hagamos. Puede ser que para el alcohólico este cambio no  sea  muy  agradable, especialmente   al principio. El alcohólico necesita un trago, y la única manera en que puede tomárselo  con comodidad es iniciando una pelea. Si el primer esfuerzo del bebedor fracasa porque rehusamos jugar  nuestro  papel  habitual, posiblemente trate  otra  vez.   Si   somos condescendientes  o santurrones  en cuanto al nuevo papel que elegimos desempeñar,   o engreídos acerca  de   la   incapacidad del alcohólico de provocarnos, nos derrotamos a nosotros mismos. Nuestra mala actitud no sólo le dará al alcohólico la excusa que busca, sino que él también continuará  enfrentándonos  a
una enfermedad que simplemente no podemos vencer. Somos incapaces ante el alcoholismo de otra persona. Si continuamos  esta batalla que no podemos ganar, no podremos ponerle fin a la frustración  y a la desesperación  que nos llevaron a intentar esta nueva estrategia. Buscamos  un cambio  real. Nuestro  objetivo no es “tener razón”. Tampoco  es “ganar”. Nuestro objetivo es hacer todo lo posible para curarnos a  nosotros mismos y  a  nuestras relaciones.  Eso requiere  diligencia,  paciencia y, sobre todo, práctica.
Al tomar cada vez mayor conciencia de la dinámica  de la enfermedad  familiar,  muchos descubrimos que hemos cumplido una función particular  en nuestra familia o  grupo. Los amigos y  familiares desempeñan  una gran variedad de  papeles de  apoyo  en  esta enfermedad familiar, todos los cuales intentan controlar  la  incontrolable enfermedad del alcoholismo y  poner  orden  en  un  medio familiar o  de trabajo incierto y  a  menudo explosivo. No nos damos cuenta de que, al desempeñar nuestro papel, contribuimos  en realidad a  sustentar la  enfermedad del alcoholismo. Podemos facilitarla rescatando al alcohólico de consecuencias desagradables de sus propios actos. O podemos  hacernos  la víctima,  interviniendo sin  quererlo y reemplazando al   alcohólico que  está demasiado borracho o con fuerte resaca, y no cumple con sus responsabilidades laborales ni familiares. Tal vez pensemos que nuestro papel es asumir culpas cuando algo funciona mal, aún sin estar involucrados en nada. Otros se concentran  en el apoyo cómico,  creando una diversión ligera para olvidar el dolor de la vida  en  un  hogar alcohólico. Y  algunos provocamos, expresando nuestra frustración y resentimiento acumulados, dándole al alcohólico  la   justificación para  beber  y envenenándonos  con    nuestra    creciente amargura.
Todos estos papeles de  apoyo funcionan unidos para mantener un equilibrio en el cual el alcohólico  pueda continuar desempeñando su papel con la menor incomodidad  posible. Así, cuando cualquier miembro del círculo de este alcohólico deja de desempeñar su papel, todo el grupo se ve afectado.

CAMBIANDO EL PAPEL QUE NOS CORRESPONDE  EN LA ENFERMEDAD FAMILIAR
Este es el motivo por el cual lo más útil y afectuoso que puede hacer un familiar es ayudarse a sí mismo. Al recuperarnos de los efectos de  esta  enfermedad, podemos abandonar  nuestro papel en la enfermedad familiar. Se perturba el equilibrio. De repente ya no es tan cómodo para el alcohólico.  Si bien puede seguir contando con  el  apoyo cariñoso del familiar en vías de recuperación,
la enfermedad queda sin apoyo. Es como si un grupo de  cuatro se  encontrara en  un  río, empapándose mientras tienen al  alcohólico alzado para mantenerlo seco, y finalmente un miembro del grupo rehúsa continuar sosteniéndolo. Todo el sistema se desmorona y, consecuentemente, el alcohólico se moja. Si otros  no   se   encargan de   eliminar  las consecuencias  penosas de las acciones del alcohólico, este puede sentirse tan incómodo que  decida iniciar la recuperación.   De  la misma manera, otros familiares y  amigos pueden reconocer  cómo les ha afectado  la enfermedad familiar y buscar ayuda para ellos mismos; pero no hay garantías.  Si bien la salud en una persona a menudo inspira salud a los que la rodean, no siempre es así. A veces el  alcohólico simplemente encuentra una manera  de  adaptarse, creando  un  nuevo sistema de apoyo a la enfermedad.
Casi todos nosotros queremos lo mejor para los seres queridos, y lo mejor que podemos ofrecer puede ser nuestra intención de  no contribuir más a este proceso de destrucción. No podemos decidir por otra gente, ni aún por los  más  importantes de  nuestra vida.  No somos dioses, y  no  podemos saber con precisión lo que es mejor para otra persona, por más evidente que parezca una acción en un momento determinado.  La mayoría de nosotros ha tenido que “tocar fondo”, un momento de agonía personal, antes de poder introducir  cambios  reales en nuestras  vidas. Los alcohólicos y otros que sufren los efectos de esta enfermedad familiar merecen la misma oportunidad de “tocar fondo” por sí mismos. A lo largo del camino,  puede haber muchas lecciones penosas que aprender, y puede ser dolorosísimo  tener que hacerse  a un lado y observar a un ser querido sufrir estas experiencias. Algunos nunca las  aprenden; pero somos incapaces ante el alcoholismo. No podemos acelerar el  proceso, ni  tampoco evitárselo a  un ser querido. Lo único que podemos hacer es ponernos como ejemplo de la alegría y  la serenidad que puede proporcionar  la recuperación,  y respetar los derechos de nuestros seres queridos de decidir lo que les conviene,  aún si nos desagrada totalmente el carácter de dichas decisiones.

APRENDIENDO  MÁS SOBRE EL ALCOHOLISMO
Cuanto más sabemos sobre el alcoholismo, mejor podremos encararlo. Por ello, Al-Anon nos alienta a aprender tanto como sea posible sobre la enfermedad. Leer la literatura de Al- Anon todos los días nos da una comprensión profunda  de esta enfermedad  familiar y de cómo  afrontarla con  éxito.  Algunos de nosotros también asistimos a  reuniones abiertas  de  A.A.  para  enterarnos de  las experiencias del alcohólico. Escuchar historias de alcohólicos en vías de recuperación puede abrirnos los ojos. Pocos nos damos cuenta de que  los  alcohólicos que  forman parte  de nuestras vidas a menudo sufren enormemente, a  veces  más  que  nosotros. Al  escuchar, aprendemos a  separar la  persona de  la enfermedad, a   tener  compasión de  sus esfuerzos y su dolor y a reconocer que ellos también  son incapaces  ante el alcohol. Por otro lado, aprendemos las características de la enfermedad que podíamos haber interpretado mal. Por ejemplo, la  mayoría de  los alcohólicos sufren amnesias parciales, periodos  en que todo lo que dicen o hacen desaparece  de la memoria.  Después  de una noche de un comportamiento  alcohólico excesivo, puede ser  difícil creer  que  el alcohólico no recuerde las espantosas acciones que se grabaron a fuego en nuestras mentes. En esas situaciones, muchos acusan a  sus seres queridos de mentir; pero estas amnesias son en realidad síntomas de la enfermedad del alcoholismo, borrando al  azar  aún  los acontecimientos más  memorables. Cuanto más  sepamos sobre la  enfermedad, mejor podremos responder al comportamiento alcohólico  con compasión,  entendiendo  que estamos tratando con una persona enferma y no con un ser malvado,  débil, ignorante  o cruel.
La literatura de Al-Anon  y  las reuniones abiertas de A.A. también pueden enseñarnos como persiste la enfermedad en la sobriedad. Por ejemplo, el alcohólico debe intentar varias veces antes de alcanzar  la sobriedad.  Otros vuelven a beber después de muchos años de recuperación en  A.A.  Se  dice  que  un alcohólico en recuperación que toma un trago sufre un “desliz”.  Un sólo desliz puede ser suficiente para  convencer al  alcohólico de contraer un compromiso más firme con la recuperación;  de otra manera, puede ser el comienzo   de    un    nuevo   capítulo   de alcoholismo.
El alcoholismo es una enfermedad progresiva que puede detenerse pero no curarse. Por ende, nosotros, afectados por el alcoholismo de otra persona, podemos  garantizar  mejor nuestra propia serenidad continua si aprendemos  a depender de nosotros mismos por nuestro bienestar, en lugar de depender de la sobriedad de otra persona. Al tomar cada vez  mayor conciencia de  nuestro comportamiento, de nuestras decisiones y del papel que nos corresponde o nos correspondió en  la  situación alcohólica, podemos con mucha  más facilidad  introducir  cambios  que nos  permitan crear una  vida  de  la  que podamos enorgullecernos.

lunes, 7 de marzo de 2016

5. Tomando Consciencia

5 Tomando conciencia



Llegamos a Al-Anon en busca de cambios. Queremos poner fin al dolor y recurrirnos a Al-Anon  con la esperanza  de descubrir  qué hacer; pero aún no estamos listos para pasar a la acción, por más ansioso o impacientes que estemos.  El cambio es un proceso, y en Al- Anon reconocemos que tomar conciencia es la primera etapa de este proceso que comprende un examen honesto de nosotros mismo y de nuestras  circunstancias. Aunque  parezca simple, después  de años de ocultar tanto a nosotros  mismos  como a otras personas  los aspectos desagradables   de  la  realidad, la mayoría consideramos que  realizar una evaluación sincera es una lucha.


RECONOCIENDO EL ALCOHOLISMO

A veces no reconocemos el alcoholismo aún teniéndolo en  nuestras propias narices. Al haber vivido con la bebida durante muchos años, puede ser que la  hayamos aceptado como algo normal, y  por eso nunca nos sentimos demasiado preocupados. Tal vez nos imaginamos  a  los alcohólicos  como vagos sucios y  harapientos,  y  no pensamos  que algún amigo o pariente bien vestido y que haya  triunfado en   la   vida  pudiera  ser alcohólico, aunque  obviamente beba  en exceso. Nunca se nos ocurrió que la reacción a un pariente alcohólico olvidado desde hace tiempo podría tener consecuencias en nuestras vidas diarias años más tarde, o que podríamos vernos  afectados negativamente por  una relación con un alcohólico sobrio. Abundan las ideas falsas sobre el alcoholismo,  y muchos simplemente no   teníamos  conciencia  del carácter de  la  enfermedad o  de  sus repercusiones sobre nosotros, los familiares y amigos de alcohólicos. La ignorancia no es un pecado, ni un crimen, sino un obstáculo que nos impide ver la realidad.
También podemos ver  los  problemas en nuestra vida  y,  sin  embargo, dejamos de reconocer al alcoholismo  como su  fuente. Quizás los veamos como problemas financieros o laborales, o le echemos la culpa a  la  falta de  tiempo, de  educación o  de oportunidades.  Quizá los consideremos  tan sólo como vicisitudes de la vida, desafíos con los que cada quien debe lidiar. Como ya le hemos atribuido nuestros problemas a diversas fuentes,  no nos damos cuenta de que cada uno  de  ellos  se  ajusta perfectamente   al esquema global del  alcoholismo, contagio familiar.
Además,  hay   otros  obstáculos. Pocos pudimos sobrevivir el caos, la confusión y el dolor de un ambiente alcohólico sin desarrollar mecanismos  que nos permitieran protegernos
emocionalmente  de situaciones que no nos sentíamos capaces de manejar. Cuando nos parecía que era demasiado doloroso o atemorizante  soportar nuestras circunstancias o nuestros sentimientos,  quizá los hayamos distorsionado, suprimido, reorganizado en forma racional o ignorado completamente.
Tal vez nos dimos cuenta de la negación de un alcohólico,  pero nunca nos enteramos  de que esa podría ser una característica de todos los afectados  por la enfermedad.  Así como muchos alcohólicos insisten en que no tienen un problema de bebida, y rehúsan tocar dicho tema, pocos amigos y familiares  reconocen que   existen  problemas. En   realidad, no podemos ver, ni escuchar,  ni palpar,  ni, por otra parte, percibir lo que puede ser fácilmente obvio  para  otras  personas. Irónicamente, debido a que toda nuestra vida está enmarcada en  la  enfermedad del  alcoholismo, somos capaces de dejar de notar su presencia.
La  capacidad de  supervivencia emocional también puede  alterar  la  manera en  que percibimos los vínculos y los acontecimientos pasados. Cuando los recuerdos sobre temores del pasado son demasiado horribles o dolorosos,  inconscientemente podemos borrarlos. Simplemente  no los recordamos. Aunque deseáramos fervientemente   poder recordar, estos recuerdos quedan encerrados y continúan controlando nuestras vidas al limitar o al modificar  nuestro  comportamiento.  Sin darnos cuenta de eso, seguimos respondiendo a los acontecimientos traumáticos del pasado en lugar de responder a la realidad de nuestras vidas de hoy.
Cuando la vida pasó de ser afectuosa  y pacífica en un momento a caótica y peligrosa al siguiente,  de manera  que nunca sabíamos que esperar, muchos de nosotros tuvimos que afrontar el  consecuente sentimiento de desamparo    y     confusión,    simplemente
decidiendo creer  sólo  en   una  de   estas realidades. Por  ejemplo,  podría  ser  que aquellos que encaramos en el hogar ataques esporádicos de  insultos provocados por  el alcohol hayamos querido creer que vivíamos en un ambiente familiar maravilloso porque así parecía  ser   en   algunos  momentos. Al decidirnos por reconocer sólo una parte de la realidad, encontramos una explicación para los ataques verbales, tratándolos como excepciones, errores o acontecimientos únicos. Cada  uno  de  tales  episodios nos  dejó devastados   como si  fuera el  primero; no obstante,  pronto volvimos  a la realidad  que elegimos  ver, presentando  una vez más un panorama de felicidad y armonía que estaba destinado a defraudarnos.
O quizás nos hayamos aferrado a la realidad opuesta, percibiendo que la vida era caótica y no confiando en los momentos de paz y buen humor. En este caso nos negamos a nosotros
mismos el goce de la bondad, del amor, del placer y de la buena voluntad. Estamos en guardia permanente.
Vivir con el alcoholismo nos llevó a suprimir o a pasar por alto nuestras emociones, nuestros deseos, nuestras esperanzas. Escondimos nuestros verdaderos sentimientos para poder  sobrevivir,  y, con el tiempo,  nos olvidamos de   que  alguna  vez   tuvimos sentimientos. Logramos aislarnos tan bien que ya no participamos de la vida con entusiasmo. Al intentar protegernos,  permitimos  que se perdiera  nuestra  personalidad hasta  que quedamos emocionalmente aturdidos.


LUCHANDO  CON LA REALIDAD

Algunos     de      nosotros     rehusamos intencionalmente ver la realidad de la vida o
las circunstancias en las que nos encontramos; pero la verdad es que la mayoría sí lo hemos hecho. En Al-Anon al final llegamos a percibir las  diversas formas  en  que,  sin  saberlo, borramos segmentos completos de  nuestro pasado y de nuestro presente. Reconocemos situaciones en las que inconscientemente  nos habíamos convencido  de que lo que vimos suceder simplemente  no era así. Al mismo tiempo, entendemos que  hicimos todo lo mejor posible  en ese momento,  tratando  de sobrevivir, de adaptarnos a la manera en que nuestras vidas eran afectadas por  el alcoholismo  antes de que encontráramos  la ayuda de Al-Anon.
Con  la  ayuda y  el  apoyo de  nuestro programa  y  la hermandad,  llegamos a  ver cuánta energía se derrochaba anteriormente en escapar,  ignorar,  huir y negar.  Reconocemos que hoy nuestra energía puede aprovecharse de  modo más constructivo  en  curarnos a nosotros mismos así como a nuestras relaciones.
Muy a  menudo en el pasado, la realidad interfería en nuestros planes. Las crisis destrozaban la fantasía. Nuestras percepciones demostraban ser poco fidedignas y cada vez era más difícil encarar la vida. No podíamos evaluar las opciones. Ni siquiera podíamos confiar en nuestros propios recuerdos.
Cuando las circunstancias nos obligaron por primera vez a tomar conciencia  de nuestra situación inquietante, a menudo no queríamos o no podíamos aceptar la realidad que se nos había forzado a  ver. Con vigor renovado adoptamos  nuevos mecanismos  para poder sobrevivir.   Quizás adoptamos  una decisión consciente en  ignorar los  problemas, esperando que se esfumaran por sí solos. O buscamos  explicaciones racionales.  Nos dijimos y les dijimos a otros que casi todos beben demasiado de vez en cuando; insistimos en que la situación no era tan mala como parecía. O  reconocimos el problema de la bebida del alcohólico, pero negamos haber sido afectados. Nos confundimos, culpando a nuestro jefe, o al destino o al gobierno, por los problemas que  encontramos. Dedicamos mucha energía a mostrar una buena actitud en público, asegurándonos de que todos pensaran que estábamos  bien, y  no permitiéndole  a nadie saber cuándo nos sentíamos vulnerables o  sufríamos, o  lo  que sucedía a  puertas cerradas. En  un  esfuerzo por  ser  fieles, mentimos,  inventamos excusas y tomamos a risa el  comportamiento   del alcohólico, así como el nuestro.
Algunos creamos vidas de fantasía para que no tuviéramos que pensar en el dolor en el que realmente vivíamos. Estas fantasías podían ser extremadamente placenteras, demasiado buenas para ser verdad, en donde todos eran amables y cariñosos, todos nuestros deseos y necesidades  se satisfacían, y nos sentíamos felices en todo momento. Algunas fantasías creaban un mundo más misterioso en el que imaginábamos el dolor, la culpa o la muerte de los alcohólicos en nuestra vida con la creencia errónea de que su ausencia nos liberaría de nuestro tormento. Otros tenían fantasías de venganza,  visualizando el  sufrimiento del alcohólico (o  de  otras personas) como el sufrimiento  que él nos infligió  a nosotros,  e imaginando una  especie de  poder  sobre nuestras circunstancias del cual carecíamos en la vida real.
No fue sino hasta que pudimos  encarar  la realidad, que sinceramente  logramos  darnos cuenta de  que desempeñábamos   un  papel trascendental en la creación de nuestra propia desgracia. Tampoco reconocimos que estábamos  tan severamente  afectados  por la enfermedad, que   nosotros  mismos  nos llegamos a enfermar.


PERCIBIENDO  MEJOR LA REALIDAD

Al llegar a Al-Anon comenzamos a examinar de manera realista nuestra situación. Algunos nos vemos obligados a encarar hechos cuando las  circunstancias lo  exigen, como cuando arrestan a  un  ser  querido o  éste  pide  el divorcio. El tener nuestro mundo destrozado nos puede dejar sintiéndonos desorientados y aterrados. En esos momentos Al-Anon puede salvarnos la vida. Cuando nuestra percepción de la realidad  no es fidedigna,  necesitamos ayuda para recuperar  el equilibrio.  Al-Anon nos ofrece un enfoque Paso a  Paso para reconstruir nuestras vidas y nuestra confianza en nosotros mismos en un ambiente de amor incondicional.
Otros son libres de afrontar  la realidad  de modo más gradual. Muchos descubrimos que ya no necesitamos  las mismas tácticas de supervivencia, porque ahora tenemos el apoyo de  la  hermandad que  verdaderamente  nos entiende, y los instrumentos del programa que nos ayudan a encarar los problemas  que en algún  momento nos  abrumaron. Nuestras viejas defensas llegan a ser no sólo innecesarias sino  que  evidentemente inadecuadas.
Desarrollar la capacidad de ver las cosas tal como son y encontrar maneras más sanas y apropiadas  de lidiar con la gente y con las circunstancias que  nos  encontramos, no siempre  es fácil ni cómodo.  La mayoría  de nosotros  hemos tenido buenos  motivos  para ocultarnos cierta  información. ¡Dolía! Probablemente  aún duela. No es fácil ver sufrir a  un ser querido; admitir, aún para nuestro  propio ser, que un familiar  cercano nos ha hecho objeto de agresiones  ya sean físicas o sexuales; lidiar con el hecho de que la gente a la que acudimos en busca de amor y comprensión es incapaz de darlo; o reconocer que nosotros mismos nos hemos vuelto intransigentes, vengativos, pesimistas, sumisos, temerosos, desanimados, mezquinos, regañones, insistentes, controladores o prepotentes.  Podemos sentirnos consternados al ver  que las  ideas y  el comportamiento negativos que desarrollamos para protegernos de las experiencias dolorosas de nuestras vidas se han filtrado de hecho por todos los rincones de nuestro  mundo. Es como si hubiéramos permitido que los mecanismos de defensa nos protegieran de todas las cosas de la vida en lugar de  correr el  riesgo de  una  osada participación  en ella. Al tratar de evitar los aspectos desagradables   de  nuestras vidas, también nos hemos perdido de muchas de las alegrías.
No es  fácil aceptar las maneras en que hemos sido afectados  por el alcoholismo  de otra persona; pero en realidad así ha sido. En algún lugar de nuestro ser interno muchos lo sabemos instintivamente.  A menos que nos tomemos el  tiempo para  examinarnos con honestidad, quizás nunca nos liberemos de las cadenas del alcoholismo.
A pesar de lo que debamos encarar con respecto a nosotros mismos y a las personas que amamos, hay mucho más que ver que tan sólo la devastación del alcoholismo. A medida que aprendemos  a separarnos de los efectos del alcoholismo, encontramos que gozamos de características de personalidad magníficas que no tienen nada que ver con éste. Somos afectuosos, cariñosos, con mucho para dar y una gran capacidad para difundir alegría. Por lo  general, lleva tiempo ubicar esta parte positiva de nosotros y hacerla brotar, ya que todos esos años de represión de nuestros sentimientos  y de nuestra identidad  la han enterrado  tan   profundamente que   nos olvidamos de   su   existencia; pero   con paciencia, esa luz al final brillará otra vez. Esa es una razón por la cual vale la pena que muchos de nosotros atravesemos ese proceso de  toma de  conciencia, a  menudo difícil, frustrante y  atemorizador; hay  regalos  y tesoros maravillosos y sorprendentes que nos esperan del otro lado.

Mientras   continuemos  ocultándonos  la verdad, esta continuará deteriorándose dentro de nosotros. Pueda ser que en el pasado hayamos necesitado luchar fuerte y solos ante situaciones adversas, pero ya  no  estamos luchando  solos  contra  los   efectos  del alcoholismo. Hoy contamos con un programa que nos ayuda. El apoyo que recibimos de Al- Anon facilita el permitir que la verdad brote a la superficie donde la podemos develar. Tenemos derecho a esperar más de la vida que la  mera supervivencia.   Estamos aquí porque estamos  dispuestos a sanar. Estamos dispuestos a mirarnos a nosotros y a nuestras vidas con nuevos ojos. Estamos dispuestos a tomar conciencia.

lunes, 29 de febrero de 2016

4 El alcoholismo y cómo nos afecta

4 El alcoholismo y cómo nos afecta

El alcoholismo es una enfermedad que nos confunde, ya que gran parte de ella escapa a la lógica. Es por eso que la mayoría de nosotros llega a Al-Anon  con muchas preguntas  sin respuesta.
Juré que nunca jamás me relacionaría con nadie que fuera como mis padres alcohólicos. Ahora me encuentro rodeado, empleado y   hasta  casado  con  gente precisamente  como ellos. ¿Cómo puede haber ocurrido esto? Finalmente él ha alcanzado la sobriedad en A.A. y en todo le va bien. ¿Por qué aún me siento tan desdichada?
Los médicos en el centro de tratamiento insisten en que mi hija es alcohólica, pero no les creo. Tiene sólo doce años, y nunca la vi caerse borracha – como los alcohólicos. ¿Acaso no  estarán equivocados los médicos?
En  el  momento en  que  por  fin pareciéramos salir adelante, ocurre siempre algún tipo de retroceso o crisis. La persona con quien vivo pareciera  que nunca se molesta  demasiado.  Simplemente  se sirve un  trago. Yo  soy  el  que  me  pongo histérico. ¿Por qué soy yo el que siempre se preocupa tanto? ¿Por qué debo ser yo el que siempre resuelve todos los problemas?
Por supuesto,  algunos de mis familiares bebían, pero no los consideraría alcohólicos.  Además, ¿qué tiene eso que ver conmigo?
El problema que tengo es que siempre me enamoro de  la  gente  equivocada. Me parece que no puedo gozar de una relación íntima sin que esta me estalle en la cara. ¿Creen que haya algún enlace?

No me preocupa realmente la bebida. Lo que me preocupa son las cuentas  que se acumulan,  los insultos, la  violencia, los problemas con  la  ley,  los  problemas sexuales y todo lo demás. ¿Cómo se podría evitar todo esto?

¿Por  qué  los  problemas de  familiares alcohólicos  que han muerto desde hace años continúan afectando mi vida?

Estoy perdiendo la  razón. Me  parece recordar  cosas terribles  sobre mi pasado, pero mi familia lo niega todo. Sin embargo, no puedo desembarazarme del sentimiento de que lo  que recuerdo es  verdad. ¿A quién le creo?
Según entiendo, ninguno de mis familiares bebió nunca; pero en ciertos aspectos, se comportaban como alcohólicos. ¿Cómo es posible?
Ella promete que nunca beberá otra vez, y dos días después se  emborracha nuevamente. ¿Qué  puedo  hacer  para hacerla dejar de beber de una vez por todas?
No conocí al alcohólico  sino ya sobrio durante muchos años. No obstante, me siento obsesionada por su comportamiento, afectada por sus cambios de ánimo, y cada vez más incapaz  de preocuparme  de mí. ¿Se relaciona esto con el alcoholismo?

¿Cómo puedo superar el dolor de verla beber?  La  amaba  mucho  pero  estoy
empezando a odiarla. No me parece que pueda evitarlo.
Pensé que la sobriedad nos acercaría, pero en  realidad nos  ha  separado aún  más. Ahora el  alcohólico insiste en  que  yo también  necesito  ayuda. No lo entiendo. Yo no soy la que tiene el problema. ¿Por qué debo asistir a reuniones?
Fui  desdichado durante mucho tiempo porque sólo sentía dolor; pero eso era “normal”.  ¿Qué hago ahora que ya no siento nada?

BUSCANDO RESPUESTAS
Aunque  muchos  llegamos  a   Al-Anon impacientes por obtener respuestas a estas y otras muchas preguntas, no  siempre hay soluciones rápidas o simples a cuestiones tan complicadas.  Pedir ayuda en Al-Anon no es como pedir ayuda en otros lados. En Al-Anon no damos consejos. Nadie le dice a nadie lo que tiene que hacer en su situación específica. Por  ejemplo, no  proponemos ni  nos oponemos a que la gente siga casada o se divorcie, a que se encare al alcohólico  o se permanezca en silencio, a que se permita a los hijos seguir viviendo en el hogar o se les pida que se  vayan, a  que se  interrumpan   los contactos con nuestras familias o se continúen fomentando las  relaciones. Estas  y muchísimas otras  decisiones difíciles son totalmente personales y sólo puede tomarlas la persona interesada. En realidad sugerimos que los  recién llegados a  Al-Anon no  tomen ninguna  decisión  importante  hasta que haya pasado bastante tiempo desde su llegada a Al- Anon, porque creemos  que la perspectiva de nuestras  circunstancias sufre  un   cambio considerable durante ese tiempo. Al esperar, a menudo se nos presentan opciones que no habíamos   considerado   anteriormente   y descubrimos que, con el tiempo, estamos más capacitados  para adoptar decisiones  que nos convengan.  Por eso sería absurdo promover alguna acción específica de nuestros miembros. No sabemos qué es lo mejor para otra persona.
En su lugar, ofrecemos  nuestra experiencia, fortaleza y  esperanza. Hablamos sobre nuestros problemas y sobre cómo utilizamos los principios y actividades del programa Al- Anon para  ayudarnos a  resolver las dificultades. Compartimos nuestros sentimientos,  nuestro crecimiento  y nuestro dolor.  Escuchamos y   aprendemos, nos identificamos  con las historias de  otros y descubrimos nuevas maneras de  abordar nuestras  circunstancias particulares, enterándonos de   cómo  otros  encararon cuestiones similares. Sugerimos que se queden con lo que les agrada y desechen el resto. Pueda ser  que  algunas de  las  cosas que decimos sean útiles, otras quizá no. Cada uno de nosotros es libre de elegir, de usar lo que nos parezca útil y dejar de lado lo demás.

CAMBIANDO  LA ORIENTACIÓN
Lo   que   definitivamente no  hacemos es dedicar mucho tiempo a  hablar sobre el alcohólico.  En vez de eso, aprendemos  a concentrarnos en   nosotros  mismos.  Al principio, puede ser  que  este  criterio no parezca demasiado lógico. Después de todo, a menudo es más fácil reconocer los problemas del  alcohólico que  los  propios. Muchos estamos seguros de que si él o ella dejara de beber, o siguiera un programa de recuperación mejor, o  cambiara sus  actitudes o comportamiento, todo marcharía bien. Lo que nos hace falta darnos cuenta o aceptar es que el alcoholismo  es una enfermedad.  El deseo incontrolable de beber es sólo un síntoma de esa enfermedad. Por eso muchos anhelamos el día en que el alcohólico de nuestras vidas alcance la sobriedad,  tan sólo para sentirnos consternados al  ver  que  la  sobriedad trae consigo toda una nueva serie de dificultades. El  prestarle atención a  un  síntoma,  por importante que   sea,   no   cura  toda  la enfermedad.   Muchos alcohólicos tienen la suficiente dicha de encontrar la sobriedad; y mediante  programas  tales como Alcohólicos Anónimos pueden contraer un compromiso a largo plazo con la recuperación. Hay grandes esperanzas  para aquellos  que pueden elegir este camino, pero la sobriedad no pone fin al alcoholismo. A pesar de que se puede detener, el alcoholismo no tiene cura.
“Pero por  supuesto”, argumentamos,   “la sobriedad  nos conviene,  ¡y debe haber algo que se pueda hacer para ayudar! Tiene que haber algo  que  podamos decir  que  tenga repercusiones  positivas, o  alguna forma de ayuda, apoyo o  información que podamos brindar que  convenza a  ese  ser  querido alcohólico  de que necesita ayuda o que nos asegure que  no  dejará  el  camino  de  la recuperación”.
De nuevo, tal como lo afirma la Asociación Médica Americana,   el alcoholismo  es  una enfermedad. ¿Acaso la  palabra adecuada puede detener la propagación  del cáncer o hacer que la quimioterapia  sea más eficaz?
¿Acaso nuestra ayuda, una apariencia atractiva, un ingreso más alto o una casa más limpia puede derrotar  la diseminación  de la enfermedad de Alzheimer? Nuestra compasión y apoyo podrían facilitarle la lucha contra la enfermedad a  un  ser  querido, pero simplemente no tenemos la facultad de curar la   enfermedad de  otra  persona. Somos incapaces ante el alcoholismo ajeno. Nosotros no  causamos la  enfermedad. No podemos controlarla. Y no podemos curarla.

NO LO CAUSAMOS
La  mayoría de  nosotros hemos oído  a alcohólicos  defender su forma de beber con afirmaciones  tales como: “Sólo bebo por la manera en que me tratan”. “Bebo porque me preocupa de dónde va a salir el dinero”. “No me amas; por eso bebo”. “No hay nada malo con mi forma de beber, simplemente  eres anticuado”. Cuando continuamente escuchamos  acusaciones  como esas, tarde o temprano nos damos cuenta de que es difícil separar los  hechos de  la  ficción. Si  el alcohólico descubre algo por  lo  cual nos sentimos culpables, se nos hace difícil no creer que eso sea cierto.
El   alcoholismo no   lo   causa  nuestros problemas familiares, nuestras acciones o inacciones, lo  que  hayamos dicho o  no hayamos dicho, ni la forma en que nos vean. Los alcohólicos podrían echarle la culpa de su bebida a las personas que aman, pero ellos beben porque tienen una enfermedad. Es tan simple como eso.

NO LO PODEMOS CONTROLAR
A pesar de que podríamos admitir que no causamos la bebida, en otro nivel quizás nos sintamos responsables.  A pesar de que lo intentamos  todo, los alcohólicos  aún beben. Tratamos  de hacer cualquier cosa que tenga sentido y  muchas que no  lo  tienen. Sin embargo, nos negamos a  renunciar  porque sentimos  que eso nos hace vernos débiles y fuera de control —debe haber algo más que podamos  hacer—.  Lo único que no hicimos fue renunciar.
Cuando finalmente nos  entregamos, nos dimos cuenta de que sólo renunciábamos  a nuestra lucha inútil contra una enfermedad incurable. Luego fuimos libres de enfocarnos en las cosas sobre las cuales podíamos hacer algo, en lugar de tratar de cambiar lo que no podíamos.

NO LO PODEMOS CURAR
El  alcoholismo es  una  enfermedad progresiva. Si no lo causamos y no podemos controlar,  entonces  la   responsabilidad de encontrar una respuesta es del alcohólico, no nuestra. Hasta que el alcohólico  sienta el deseo de dejar de beber, las palabras, el dinero y  el tratamiento  son en general esfuerzos perdidos. Si bien no somos capaces de curar el alcoholismo, podemos cambiar nuestra propia actitud. Cuando los miembros de la familia y amigos cambian su  forma de  pensar, la situación puede mejorar totalmente.
Al saber que no causamos la enfermedad y que  no  podemos controlarla ni  curarla, aprendemos a dejar que el alcohólico enfrente las  consecuencias de  sus  acciones.  Nos desprendemos lo suficiente como para no ser sobreprotectores ni  encubrir al  alcohólico.
Dejamos de inventar excusas ante los amigos y familiares debido a su comportamiento— los demás por lo general saben lo que sucede de todos modos. Aprendemos a no dejar que la bebida de otra persona interfiera con nuestros propios planes.  Hacemos nuestro mayor esfuerzo por  acompañar nuestro desprendimiento  con sincera compasión  — para comprender  esta enfermedad  y a todas las personas afectadas por ella—.

APRENDIENDO SOBRE EL ALCOHOLISMO
Entonces si  no  podemos detener el alcoholismo  y garantizar  la sobriedad,  ¿por qué venimos a Al-Anon? Como solía decir el primer  anuncio  de   servicio  público  de Al-Anon: “Se puede ver lo que la bebida le hace al alcohólico; pero, ¿se puede ver lo que te hace a ti?”
El folleto de Al-Anon El alcoholismo  y cómo nos afecta lo explica de la siguiente forma:
“El alcoholismo  es una enfermedad de la familia. Beber compulsivamente  afecta tanto al alcohólico como a  las  personas que lo rodean: amistades, compañeros de  trabajo, hijos, padres, relaciones amorosas y matrimonio; todos sufren los  efectos del alcoholismo. Los  que  quedan más profundamente afectados son quienes están en contacto directo con el alcohólico y los que se preocupan  más por él son quienes quedan literalmente atrapados  a   causa   de   su comportamiento. Reaccionamos ante   el comportamiento  del alcohólico;  cuando nos damos cuenta de que este problema  con la bebida está fuera de su alcance, tratamos de controlarlo. Nos avergonzamos de las escenas que el alcohólico  hace en público,  pero en privado tratamos de arreglar la situación.  No tardaremos en sentirnos culpables y en cargar con las penas, temores y culpas del alcohólico.
También nosotros nos podemos enfermar. Incluso las personas bien intencionadas  a menudo comienzan a  contar el número de tragos que toma el alcohólico. Podemos vaciar bebidas alcohólicas costosas por el fregadero, registrar la  casa en  busca de  las botellas escondidas y estar a la escucha del sonido del sacacorchos. Todos nuestros pensamientos se concentran en lo que hace o deja de hacer el alcohólico,  y en lo que podría  hacerse  para que deje de beber. Esto es lo que llamamos nuestra obsesión.
Es muy doloroso contemplar  la manera  en que un ser humano se va matando lentamente con el alcohol.  Y aunque el alcohólico  no parezca preocuparse por  las  cuentas por pagar, el empleo,  los hijos o por su propia salud, la gente que lo rodea generalmente  sí empieza  a   preocuparse; pero  a   menudo cometemos el  error  de  encubrirlo y   de arreglarle   todo:   tratamos   de   excusarlo, mentimos, tratando de enmendar las relaciones  que se habían echado a perder y nos preocupamos mucho más. Esto es lo que llamamos nuestra angustia.
Tarde o temprano, el comportamiento  del alcohólico  hace que los demás se enojen. Cuando nos damos cuenta de  que el alcohólico está  mintiendo, utilizándonos   y descuidando sus  responsabilidades, posiblemente   empecemos a  sentir que  el alcohólico no nos quiere. A menudo queremos desquitarnos, castigarlo y hacerlo pagar por las penas y  las frustraciones  causadas por su incontrolable manera de beber. Esto es lo que llamamos nuestra ira.
En ocasiones, los más allegados al alcohólico empezamos  a fingir. Aceptamos  promesas  y confiamos en el alcohólico. Cada vez que hay un período de sobriedad,  por breve que sea, creemos que el problema ha desaparecido para siempre. Y aunque todos los instintos nos
digan que la forma de beber y el comportamiento del alcohólico andan mal, aún seguimos ocultando nuestros sentimientos  y pensamientos. Esto  es   lo   que  llamamos nuestra negación.
Quizá el  peor daño que  hemos sufrido aquellos que hemos vivido con un alcohólico es la idea insistente y tenaz de que la culpa es de nosotros: quizás sentimos que es a causa de algo que hicimos, o porque no hemos estado a la altura de las circunstancias,  o porque  no somos  suficientemente  atractivos  o debido  a que no tenemos la inteligencia suficiente para haber resuelto el problema  de nuestro ser querido. Esto es lo que llamamos  nuestro sentimiento de culpabilidad”.

VIVIENDO CON UN ALCOHÓLICO SOBRIO
Nosotros, quienes tenemos seres queridos en proceso de recuperación en A.A., también nos
sentimos afectados por esta enfermedad familiar.  Reaccionamos también  ante   el alcoholismo.  Supervisamos  el progreso de la sobriedad, contando la cantidad de reuniones a las que han asistido, tal como antes contábamos la cantidad de tragos, y buscamos minuciosamente  incoherencias  o indicaciones de deslices. Andamos  con pies de plomo, cuidadosos de  no  hacer nada que pueda perturbar  al   alcohólico en   proceso  de recuperación  reciente,  o vemos la sobriedad con escepticismo,  sin voluntad de confiar en los cambios  que percibimos.  Esperamos  una gran transformación  en el alcohólico,  y nos preocupamos cuando no se cumplen nuestras expectativas. Después de años de esperar una relación más intima, más alentadora, más afable, o de desear que se compartieran  las responsabilidades del  hogar,  muchos  nos sentimos frustrados al descubrir que nuestras esperanzas siguen sin concretarse y que nos sentimos más solos que nunca.
Vivir con un alcohólico sobrio puede ser parecido a vivir con una persona totalmente diferente. Aunque podamos estar agradecidísimos  por la sobriedad de nuestro ser querido,  muchos nos resentimos  por el nuevo papel más activo que ahora desea desempeñar  el alcohólico  en la adopción  de decisiones familiares,  o por la independencia que  de  repente demuestra. Nos sentimos incómodos  con todos los cambios  sobre los cuales no  tenemos control. Pese  a  que fervientemente   deseábamos   cambios en  la época de la bebida, a lo mejor esto no es lo que teníamos en  mente. Algunos nos volvemos  celosos debido al tiempo que el alcohólico  dura en asistir a reuniones  o en charlar y socializar  con otros miembros  de A.A. De repente, después de exigirle tantos cambios, nos damos cuenta de que él o ella nos exige cambios similares.

BUSCANDO SOLUCIONES PROPIAS
Es claro que la sobriedad de un ser querido no resuelve todos nuestros problemas, Tampoco los resuelve la separación física, ni siquiera la muerte. Aún los que no hemos estado relacionados   con  ningún alcohólico durante  muchos  años,  encontramos que seguimos afectados por  esa  enfermedad familiar. En síntesis, los efectos del alcoholismo: la obsesión, la ansiedad, la ira, la negación y los sentimientos de culpa tienden a persistir hasta que busquemos la recuperación propia.
El drama de los problemas  de otra gente puede distraernos demasiado, en  especial cuando  esa gente es alcohólica;  pero en Al- Anon descubrimos que el problema no radica sólo en la otra persona, sino que también lo llevamos dentro de nosotros. El comportamiento  de un amigo, cónyuge,  hijo, hermano, empleador o padre alcohólico puede
habernos conducido  a Al-Anon, pero pronto vemos que nuestro propio pensamiento se ha distorsionado. Al-Anon nos ayuda a dejar de gastar el tiempo en tratar de cambiar las cosas sobre las que no tenemos control alguno y a poner en acción nuestros esfuerzos en donde sí tenemos algo de control para hacerlo: sobre nuestras propias vidas.

viernes, 26 de febrero de 2016

26 de febrero




Al-anon

26 DE FEBRERO
Todos cometemos errores. Pero tenemos la esperanza de que al aplicar el programa de Al-anon y continuar conociéndonos mejor, aprenderemos de esos errores. Podemos reparar los males que hemos causado, y también cambiar nuestro comportamiento y actitudes para así no repetir los mismos errores. De esta manera hasta las penosas experiencias pasadas nos pueden ayudar a aprender cómo crear un mejor futuro.
El obstáculo más grande en este proceso de aprendizaje es la vergüenza. La vergüenza es una excusa que tenemos hoy para sentir desprecio por nosotros mismos por algo que hicimos o dejamos de hacer en el pasado. No cabe en una mente llena de vergüenza el hecho de que hicimos todo lo posible en ese momento; tampoco cabe que como seres humanos estamos condenados a cometer errores.
Cuando siento vergüenza, necesito examinar mi realidad, porque mi manera de pensar probablemente esté distorsionada. Aunque posiblemente requiera un gran valor, si lo comparto con un amigo de Al-Anon, pondré freno a los pensamientos autodestructivos y haré un lugar para una idea de amor y cuidado. Con un poco de ayuda podré descubrir que aun los momentos más vergonzosos pueden bendecir mi vida al enseñarme a tomar una dirección más positiva.

Recordatorio para hoy
Hoy me amaré lo suficiente como para reconocer que la vergüenza es un error de juicio.
"La lección fundamental que todos nosotros debemos aprender es el amor incondicional, que induye no solamente a los demás sino también a nosotros mismos."

Elisabeth kubler-Ross

miércoles, 24 de febrero de 2016

Lemas Al Anon

Los Lemas de Al Anon

A diferencia de algunos principios y prácticas de Al-Anon cuyo aprendizaje  y  aplicación llevan un cierto tiempo, los lemas de Al-Anon son fáciles de aprender y recordar. Quizás los hayan escuchado  cientos  de veces antes sin tomarlos  seriamente  o ponerlos  en práctica. Después  de todo, son frases estereotipadas que se descartan  con facilidad;  pero es su simpleza lo que los hace tan poderosos.
Al afrontar una situación confusa o perturbadora, un lema puede salvarnos la vida. Si estamos desconcertados,   sin  saber qué hacer, estos dichos simples pero profundos pueden aclarar nuestras ideas. Por ejemplo, cuando los temores sobre el futuro nublan nuestra capacidad de  adoptar una decisión urgente, podemos aplicar el lema “Un día a la vez” y concentrarnos en este día solamente, recordando  que nuestros temores quizás no reflejen la realidad, porque el futuro aún no se ha escrito.

Cuando estamos de repente ante un problema complejo, aparentemente abrumador, podemos usar “Primero, las cosas más  importantes”, sabiendo que  algunas acciones son más importantes que otras y que no podemos hacer todo al mismo tiempo.

Los lemas constituyen recordatorios amables y tranquilos  de que nuestras circunstancias quizás no sean tan imposibles o desesperadas como parecían al comienzo. Estas expresiones concisas de sabiduría nos dan con rapidez la seguridad de que realmente podemos encarar todo lo que nos trae la vida, y nos conducen a concretar acciones constructivas y a tratarnos a nosotros mismos y a otros con compasión y respeto. Si somos muy nuevos en Al-Anon o estamos   demasiado  abrumados  por   las
circunstancias y no recordamos alguno de los muchos principios de Al-Anon que pueden aplicarse, un simple lema puede colocar toda la situación en su justa perspectiva.

“Mantenlo simple”

Al encarar  los efectos  desconcertantes  y a menudo abrumadores del alcoholismo, cuanto más simple y directo sea el enfoque, mejor. El lema “Mantenlo  simple” explica justamente eso. Cuando la vida parece ingobernable  o confusa, muchos, sin saberlo, complicamos las cosas aún más tratando de adelantarnos a todo lo que pueda salir mal, para estar preparados a responder.  Este lema nos recuerda  que no podemos controlar todos los  resultados posibles  en cada situación,  y que intentarlo hace que  nuestras vidas se  vuelvan más difíciles  y  tensas  que  de  costumbre. Al “mantenerlo simple”, tratamos de  ver  las cosas como son en realidad, examinando  lo que verdaderamente está sucediendo en lugar de todo aquello que podría o  no suceder. Podríamos afrontar grandes proyectos y desafíos con lentitud, paso a paso, en etapas de fácil manejo en vez de todo de una sola vez. A veces debemos actuar con apresuramiento,  pero no toda tarea nueva o acontecimiento inesperado constituye una crisis. Nuestras temerosas respuestas iniciales pueden ser causadas  por la costumbre  más que  por  necesidad. Con  el  tiempo, aprendemos  que al sentirnos paralizados  y abrumados, complicamos las  cosas  o aceptamos más de lo que podemos manejar en ese momento  o en ese día, y que seríamos más afortunados simplificando lo que estamos tratando de  lograr. Podemos relajarnos e intentar  ser  más  amables con  nosotros mismos, confiando en que al poner un pié delante del otro, al final llegaremos  a donde nos dirigimos.

“Por la gracia de Dios”

Este lema, una versión abreviada de “ahí, por la gracia de Dios, voy yo”, nos recuerda acercarnos a   otra  gente  con  compasión. Muchos nos hemos vuelto impacientes, críticos y  resentidos  con aquellos que nos rodean, en especial los alcohólicos de nuestras vidas; pero cuando las actitudes y acciones de otros nos molestan,  recordamos  que, si no fuera por la gracia de nuestro Poder Superior, bien podríamos estar nosotros en el lugar de esa gente. No podemos saber con precisión lo que otros están atravesando,  ni tampoco  es tarea nuestra castigarlos por algún sufrimiento que  nosotros pensamos han  causado. La venganza, el  resentimiento,   la  culpa y  la crueldad nos hacen más daño a nosotros que a ninguna otra  persona. ¿A esto  queremos dedicar nuestra energía? Bien podríamos pensar en  algo  más  positivo, encontrando  gratitud por los dones recibidos y reconociendo  que todos los seres humanos, aún los que sufren por el alcoholismo, actúan de la mejor manera posible.


“Hazlo con calma”

La bienvenida sugerida de Al-Anon  explica que  sin  la   ayuda  espiritual de  nuestro programa, muchos tratamos de  “obtener soluciones a la fuerza”. Cuando los esfuerzos para superar  el alcoholismo  de otro no nos llevan a nada, resolvemos intentarlo con más determinación. Cuando  esperamos con impaciencia una  respuesta que  no  llega, llevamos a cabo una acción al azar sólo para sentir que estamos haciendo algo. Cuando las cosas no encajan, nos negamos a abandonar el intento e intentamos forzar esas cosas. Como resultado,  crece nuestra frustración,  aumenta nuestra ansiedad, nos sentimos fracasados y prometemos     intentarlo      con      mayor determinación. En  resumen, se  distorsiona nuestra manera de pensar. Con el lema “Hazlo con calma”, Al-Anon sugiere una alternativa simple a esta pauta destructiva y frustrante. A veces no hacer nada puede ser mucho más productivo.
Tratamos  de hacer las cosas con frenesí. Este lema nos recuerda  que, si “frenesí”  no funciona,  “calma”  a menudo  sí. Quizás no obtengamos todas las respuestas hoy. Esto no es  un  fracaso, es  sólo una realidad. No siempre es tarea nuestra resolver  todos los problemas. Tal vez esperemos demasiado de nosotros mismos o  de  otros. En  realidad podríamos  saber todo lo que es necesario saber  hoy.  Cuando llegue  el  momento, descubriremos  más. “Hazlo  con calma” nos recuerda que un enfoque calmo podría hacer mucho más tolerable una situación difícil.
O quizás estemos tratando de asumir algo que no es responsabilidad nuestra. Luchar con más ahínco sólo dificultará las cosas; pero si adoptamos una actitud más suave y relajada, podríamos ver la situación con mayor claridad y actuar de acuerdo con ello.

“Primero, las cosas más importantes”

Cuando la vida se torna caótica, es fácil perder la pista sobre lo que requiere atención inmediata y   lo  que  no.  Los  pequeños obstáculos pueden parecer crisis y los grandes problemas  pasar desapercibidos.  La furia de un  alcohólico debido  a   una  herida  sin importancia puede adquirir más prioridad que una emergencia  médica, porque la furia es demasiado  ruidosa y demasiado  exigente;  y porque nos hemos acostumbrado a reaccionar ante cualquier  exigencia  del alcohólico.  Por eso, no  solo pasamos por alto situaciones críticas, sino  que  a  menudo descuidamos algunas  de   nuestras  propias  necesidades pasivas pero importantes que  podrían hacernos disfrutar más la vida. Descuidamos la salud, encontramos poco tiempo para darle afecto a los niños y abandonamos  cualquier impulso que sintamos de divertirnos.

“Primero,  las cosas más importantes”  nos alienta a hacer una pausa para fijar prioridades.  Antes de  reaccionar,   podemos preguntarnos que es lo más importante en este momento. Al planificar una mañana, podemos considerar  cuál de nuestras  necesidades  más pasivas podría merecer atención. En medio de una discusión acalorada,  podemos  apegarnos al tema que nos concierne  y dejar de lado otras cuestiones  que no son tan urgentes. Cuando  el día parezca  ser demasiado  corto, podemos aceptar las limitaciones y decidir lo que debe hacerse de inmediato,  y  lo que puede postergarse.  No somos sobrehumanos; no podemos hacerlo todo. “Primero, las cosas más   importantes”  nos   ayuda   a   tomar decisiones más prácticas y a aceptar dichas decisiones.


“Sólo por hoy”

Este lema es un compromiso  de dejar de lado el pasado y el futuro,  y vivir sólo este día. Al  encarar sólo el  día  de  hoy, los proyectos aparentemente imposibles se tornan factibles. Los conflictos que habrían ocupado toda  nuestra  atención pueden  afrontarse durante  un periodo  de tiempo razonable,  si reconocemos   que  tal  vez  no  tengan que resolverse completamente y de una sola vez. Y  “Sólo  por  hoy”,  podemos introducir pequeños cambios en  nuestras acciones y actitudes, examinar nuevas posibilidades   y correr algunos riesgos mínimos,  todo lo cual puede ayudarnos a avanzar de forma positiva. Muchos miembros de Al-Anon comienzan por medio del intento de adoptar una o dos de las sugerencias  que se incluyen en el folleto titulado Sólo  por  hoy.   No  importa cuáles elijamos; todas pueden ayudarnos a  utilizar este día y a aprender que administrar un solo día puede ser el inicio de una nueva y mejor vida:
Sólo por hoy trataré  de pasar el día, sin esperar resolver  el problema  de toda mi vida en un momento.  Sólo durante  doce horas puedo proponerme  hacer algo que me espantaría si creyera tener que seguir haciéndolo durante toda la vida. Sólo por hoy seré feliz. Abraham Lincoln tenía razón al decir: “Casi todo el mundo es tan feliz como se propone”.
Sólo por hoy me ajustaré a lo que es, sin tratar de amoldar todo de acuerdo con mis deseos. Tomaré la “suerte” como venga y me acoplaré a ella.
Sólo por hoy tendré un programa a seguir.
Quizá no lo siga con exactitud, pero lo tendré. Me salvaré de dos plagas: la prisa y la indecisión.

Sólo por hoy no tendré miedo. Trataré especialmente de   no   sentir  miedo  a disfrutar de lo que es bello, y creer que del mundo he de recibir de acuerdo con lo que le dé.


“Que empiece por mí”

El programa de Al-Anon nos ayuda a dejar de concentrarnos tan intensamente en lo que dicen, hacen o sienten los que nos rodean y, en  su  lugar, a  concentrarnos  en  nosotros mismos. Cuando nos sentimos tentados a culpar a otros por nuestros  problemas  o a justificar nuestro mal comportamiento señalando el mal comportamiento  de otros, este lema nos recuerda cuál es nuestro centro de atención. Somos responsables de nuestras
acciones,  independientemente del comportamiento de otros. Cuando sentimos la necesidad de modificar una situación, podemos aplicar este lema y comenzar con lo que se puede mejorar. ¿Acaso un cambio de actitud por parte nuestra no podría facilitar las cosas? ¿Estamos contribuyendo positivamente con lo que está ocurriendo,  o estamos  sólo observando y criticando, esperando que otros se ocupen de la situación por nosotros? “Que empiece por mí” es una manera de cambiar las cosas que podemos (en especial nuestras propias actitudes) en lugar de esperar a que los demás cambien para satisfacernos.
Por   lo   general,  cuesta  reconocer las necesidades  o los deseos auténticos  porque esperamos  que otra persona satisfaga esas necesidades.  Tal vez estemos  deseando  que haya más honestidad en una relación, o tener fines de  semana más placenteros, pero ni siquiera     estamos     asumiendo ninguna responsabilidad  por  lo  que  debemos hacer para  solventar esas  necesidades. Es  como pasar hambre mientras esperamos que otra persona que no sabe cocinar se encargue de la cena. “Que empiece por mí” podría sugerirnos que  cocinemos nosotros mismos, que salgamos  a cenar o que nos pongamos  de acuerdo con alguien que sepa cocinar. En pocas palabras,  asumimos  la responsabilidad de solventar nuestras necesidades.

Por eso, si hemos pensado  en cosas que deseamos  que uno de nuestros padres, un hijo, un cónyuge,  un amigo o un empleador haga por nosotros o  contribuya  a  nuestra relación, podríamos considerar otras personas u otros medios para satisfacer dichos deseos. Si a menudo nos decepciona un amigo a quien no se puede uno atener, en lugar de esperar que esa persona cambie, podríamos tratar de dejar de depender de él. Tal vez haya otra persona en nuestra vida en quien podamos confiar más cuando realmente le necesitemos. También podríamos preguntarnos si hemos sido siempre dignos de confianza en todas nuestras relaciones. A veces las cosas que más nos incomodan  sobre otras personas son las mismas que nosotros hacemos sin  darnos cuenta. De  manera similar, lo  que  más admiramos  en otras personas pueden ser las mismas características que somos capaces de cultivar en nosotros.


“¿Cuán importante es?”

Este lema nos ayuda a  ponernos en  la perspectiva correcta. Al reflexionar en lo que realmente nos  importa,  podemos incluir preocupaciones  tales como la salud, la serenidad, alimentación y vivienda adecuadas, y un apoyo afectuoso de otros. Cada uno de nosotros es libre de decidir por sí mismo sobre lo que verdaderamente  tenga valor, pero la mayoría estamos de acuerdo en que a veces nos  disgustamos por  asuntos ínfimos. En comparación con el hecho de poder comer o no hoy, ¿cuán importante es que hayamos cocinado demasiado  el pollo? ¿Vale la pena perder la serenidad por olvidarse de comprar el periódico? ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar para ganar una discusión o probarle a otras personas que tenemos la razón? ¿Cuán importante  es si una llamada que estamos esperando no se concreta, o si un ser querido decide algo que no nos gusta? ¿Acaso las palabras antipáticas de un compañero en una mañana merecen un día entero de infelicidad, obsesión  y hostilidad?  ¿Merecen  aún cinco minutos  de   infelicidad? ¿Importa tanto?
¿Debemos tomarlo a pecho? ¿Vale la pena la recriminación contra  uno  mismo,  el resentimiento   de  otros, o  pasar horas de angustia? ¿Cuán importante es?
Aunque  decidamos  que   el   asunto   es importante,  podemos  preguntarnos si   es importante hoy. ¿Acaso vivimos en un futuro incierto, preocupándonos  por cosas que tal vez no sucedan nunca? Hoy es todo lo que tenemos. ¿Por qué derrochar este don precioso de  tiempo en  pequeñeces cuando podríamos estar celebrando el hecho de que contamos con  todo lo  que  realmente necesitamos? La perspectiva que obtenemos al aplicar  este  lema  nos  permite descartar pequeñas preocupaciones, irritaciones sin importancia y juicios infundados,  para poder valorar  la   riqueza  extraordinaria y   las maravillas que ofrece la vida.


“Piensa”

Uno de los efectos del alcoholismo es que la mayoría de nosotros tiende a reaccionar ante todo lo que vemos, y a menudo percibimos los incidentes pequeños como si  fueran crisis serias. En vez de decidir actuar en nombre propio,  dejamos  que  las  acciones  y  las exigencias de otras personas dicten lo  que hacemos, demostrando así poco respeto por nuestros intereses. Como consecuencia,  nos sentimos víctimas, a  merced de  cualquier dificultad que la vida nos ponga en el camino. Este lema nos recuerda que en  lugar de reaccionar  automáticamente a    cualquier provocación,  petición o exigencia,  podemos “Pensar”  antes de actuar,  decidiendo  lo que más se ajusta a nuestros intereses.
Algunos nos sorprendemos al descubrir que “Piensa” es  un  lema. Después de  todo, muchos de  nuestros mejores pensamientos nos crearon grandes dificultades. La diferencia hoy es que nuestra manera de pensar ha cambiado; tratamos de  no  perder tiempo planeando la manera de hacer cambiar a otros o preocupándonos por cosas sobre las que no tenemos control. En su lugar, aprendemos a utilizar nuestras mentes para lograr los máximos beneficios.  “Pensamos”  en la parte que nos corresponde en la creación de nuestra propia felicidad o nuestro propio dolor y en lo que  podemos hacer para mejorar nuestras vidas y  nuestras relaciones con otros. “Pensamos” en los Doce Pasos e intentamos aplicarlos a  nuestras circunstancias específicas.  “Pensamos”  en cómo incluir a nuestro Poder Superior en  nuestras vidas diarias. Ya no estamos atrapados en la manera de pensar distorsionada y autodestructiva del pasado. Con la ayuda de Al-Anon, aprendemos a   aprovechar nuestros pensamientos de modo productivo.


“Un día a la vez”

Hay  muchos métodos para  resolver un problema, abordar  una  nueva  actividad, encarar un temor y prepararse para el cambio. Muchos hemos intentado tales proyectos escudriñando el  futuro y  tratando de adelantarnos     a      solucionar     cualquier inconveniente    que     pudiera     aparecer, adoptando decisiones basadas en información que realmente  no tenemos, porque el futuro aún no ha ocurrido. Este enfoque casi nunca es satisfactorio. En la mayoría de los casos, no podemos predecir cada acontecimiento  que pueda suceder,  así que por mejor que nos preparemos, al final se nos sorprende sin estar en guardia. Mientras tanto, hemos consumido tanta energía  y tiempo tratando  de predecir hechos futuros, aliviar heridas futuras y prevenir consecuencias futuras,  que  nos hemos perdido de las oportunidades de hoy. Y la magnitud de la tarea que nos fijamos nos ha dejado sin fuerzas, abrumados y aturdidos. Para  nuestra mayoría, un  enfoque más práctico ante nuestros desafíos y temores es enfrentarlos “Un día a la vez”. No podemos decidir el futuro porque el futuro no está a nuestro alcance hoy. Atormentarse por  él, tratar de manipularlo,  adelantarse  al mismo;
todas estas actividades simplemente nos roban este momento. No podemos cambiar el futuro, pero aprovechando  al máximo este día, nos preparamos  para poder afrontar lo que nos traiga el mañana. Podemos preguntarnos  si debemos o   no  confiar en  el  renovado compromiso   con  la  sobriedad de  un  ser querido, pero  es  imposible predecir qué sucederá a largo plazo. Sólo podemos decidir cómo vamos a responder hoy.
Podemos responder a los cambios a la vista, prestando  atención  a los nuevos desafíos  y disfrutando  la satisfacción  producida  por la sobriedad de un ser querido, o alimentando la obsesión por la posibilidad de otro desliz. No podemos saber qué sucederá, y  no necesitamos negar ninguna posibilidad, ya sea que valga la pena o no; pero derrochar el hoy atormentándose por   el   mañana  no   nos preparará mejor para afrontar las dificultades que puedan presentarse. Si se  manifiestan,
esas penosas dificultades nos dolerán igual mañana, ya sea que nos estén dando vueltas en la cabeza o que las hagamos a un lado hoy. Todos los preparativos no nos evitarán ni una pizca de dolor. En realidad, prolongará nuestro sufrimiento,  ya que le  habremos agregado tiempo adicional  de preocupación.  Así que como no hay ninguna ventaja en tratar de vivir el futuro, sólo tiene sentido permanecer en el presente  y aprovechar  al máximo  todos los momentos valiosos que se nos brinda.
Otra ventaja de vivir “Un día a la vez” es que dividimos tareas enormes y agobiantes en pequeños  objetivos  más fáciles de alcanzar. Tal vez no podamos  solucionar  una disputa con un jefe o un ser querido  para siempre, pero tal vez podemos llegar a un acuerdo por hoy solamente. Quizás no podamos pagar toda una deuda ahora, pero podríamos pagar una parte de la misma, sabiendo que varias partes pequeñas al final constituirán grandes sumas.
No podemos hacer lo imposible. Preocuparse por el hambre de mañana no colocará alimentos sobre la mesa, sólo nos hará olvidar valorar los alimentos que tenemos hoy. Este día nos otorga innumerables oportunidades de sentir alegría, pena y  toda una gama de emociones humanas. ¿No habrá llegado acaso el momento de aprovecharlo plenamente?


“Mantén una mente receptiva”

La guía puede asumir diversas formas, y casi siempre llega cuando menos la esperamos. Las palabras de sabiduría pueden brotar de la boca de un niño o de las divagaciones de alguien que nos cae mal. Nunca sabemos dónde encontraremos inspiración  o   ayuda.  Si “Mantenemos una  mente receptiva”, estaremos  en nuestra propia disposición  de recibir esa ayuda, independientemente  de su fuente. Al limitar las posibilidades de encontrar respuestas, podríamos perder oportunidades
importantes de mejorar nuestras vidas. Por eso es conveniente recordar que un recién llegado a  Al-Anon puede, al igual que un miembro antiguo,  pronunciar las  palabras “apropiadas” que  desencadenen una  nueva idea. Y a veces una cena con amigos o una velada de  cine  pueden aclararnos un problema,  igual que lo haría una hora de esfuerzos concentrados para  resolver  el problema directamente.
Cuando entregamos nuestra voluntad y nuestras vidas  al  cuidado de  un  Poder Superior, afirmamos que necesitamos guía. La tarea ahora es  mantener nuestras mentes receptivas, sabiendo que la ayuda que puede cambiar una  vida  puede asumir diversas formas,  voces o métodos.  Los maestros nos rodean. Abrámosle  espacio a  cada uno de ellos.

“Vive y deja vivir”

Este es un lema de dos partes. Al lidiar con el alcoholismo, muchos nos concentramos en la última parte del lema, en el “deja vivir”. Como nos hemos sentido demasiado responsables  de las decisiones  y acciones de otra gente, el concederle a otros la dignidad de adoptar  decisiones  por sí solos y permitirles hacerse  cargo  de   los   resultados puede convertirse en  una  lucha bastante fuerte. Usamos este lema para recordar que debemos dejarlos en paz y  “dejarlos vivir”. Así se benefician todos. Las personas en nuestra vida se benefician porque al fin obtienen el respeto que les corresponde  como seres humanos. Ahora son libres de recoger los frutos de sus esfuerzos positivos y  de  cosechar las consecuencias de su comportamiento más destructivo.  Sea lo que sea lo que decidan hacer,  al  ocuparnos de  nuestros  propios asuntos y salirnos del camino, permitimos que otros sean lo que son. Al mismo tiempo, nos liberamos de  todo  tipo  de  cargas ajenas. Nosotros tenemos también la oportunidad de encararnos a nosotros mismos.
Aquí entra la otra parte del lema, el “Vive”. Muchos hemos sufrido bastante negligencia como resultado de la enfermedad familiar del alcoholismo, gran parte de ella con respecto a nosotros mismos. Distraídos  o  consumidos por  los  problemas de  otros, descuidamos nuestros cuerpos, almas y  espíritus. Los Padrinos  o Madrinas  y otros amigos  de Al- Anon pueden ayudarnos a encontrar el camino para satisfacer necesidades no reconocidas o satisfechas en el pasado. Este lema nos alienta a realizar  esfuerzos  especiales  para tratarnos bien. Nos recuerda que forjar una vida para nosotros  mismos, independientemente  de lo que hacen o  dejan de  hacer otros, debe convertirse en la máxima prioridad. Los demás no  son  los  únicos  que  merecen nuestro respeto.    Nosotros   también    merecemos tratarnos con dignidad. Tenemos el derecho de “Vivir”, y por supuesto es nuestra responsabilidad hacerlo.

“Suelta las riendas y entrégaselas a Dios”


Este lema puede ser un antídoto al deseo que tenemos muchos de controlar lo incontrolable. En  vez  de  depender de  nuestro ego  u obstinación  para dirigir nuestras  vidas y las vidas ajenas, aprovechamos  la fortaleza,  la sabiduría y la compasión de un Poder superior a nosotros. En lugar de aferrarnos, “Soltamos las riendas y se las entregamos a Dios”.
A menudo somos nuestros peores enemigos, obstaculizando   la  ayuda que  necesitamos. Cuando ponemos en práctica este lema, nos salimos   del   camino.  Abandonamos el problema, la necesidad de saber que sucederá y cuándo, la obsesión con las decisiones  de otra    gente,    los    pensamientos   y    las preocupaciones que derrochan nuestro tiempo y nuestra energía porque no podemos resolverlos solos. Y  dejamos que Dios se encargue de ellos.
Cuando pensamos que ya no hay opciones y que nada funciona como esperamos,  cuando no sabemos qué hacer o no podemos imaginar qué se  puede hacer, podemos “Soltar las riendas y entregárselas  a Dios”. Cuando la vida funciona sin  sobresaltos   y  probamos nuevas ideas y  acciones estimulantes, podemos recordar Quién está a cargo de los resultados, y  “Soltar las  riendas y entregárselas  a Dios”. Cuando  un amigo de Al-Anon  atraviesa  momentos  difíciles,  y no sabemos  cómo demostrar  nuestro  apoyo, lo único que debemos hacer es  decirle que estamos  disponibles  y “Soltar las riendas y entregárselas a Dios”. Este lema nos permite reemplazar la tensión, la preocupación  y el sufrimiento por  serenidad y  fe.  Está bien relajarse y dejar que la vida siga su curso. Podemos estar seguros de que las respuestas, las decisiones, las acciones y los pensamientos que necesitamos  llegarán a nosotros cuando sea el momento, porque los hemos colocado en manos de nuestro Poder Superior.

martes, 8 de diciembre de 2015

8 de Diciembre

8 de Diciembre 

Alcoholicos Anónimos 

8 de DICIEMBRE.-Peusamiento del Día.
El tiempo que llevamos de sobriedad no es tan ímportante como la calidad de ella. Alguna persona que haya estado en A A, por algunos años puede no estar en tan buenas condiciones mentales como otra que lo haya estado  unos meses. Es una gran satisfacción el haber sido miembro de A.A., por mucho tiempo y a veces lo mencionamos.  Esto puede a veces ayudar a los recién llegados, por que pueden decirse a sí mismos: "Si él lo puede hacer, yo también puedo". Y sin embargo, los antiguos miembros deben darse cuenta de que, mientras vivan, está a sólo a un trago de distancia de un boracho ¿ Cuál es la calidad de mi sobriedad ?

Meditación del Día.
"Y mayores obras que ésta haréis" . Podemos hacer mayores obras cuando tenemos más experiencia en la nueva forma de vida. Podemos tener todo el poder que necesitamos de Dios. Podemos tener su gracia, su espíritu, para que nos hagan efectivos conforme avancemos cada día. Las oportunidades para un mundo mejor existen por todos lados. Podemos hacer mayores obras; pero no trabajamo solos. El poder de Dios está detrás de toda buena obra.


Oración del Dia.
Ruego que encuentre el lugar que me corresponde en el mundo. Pido que mi trabajo se vuelva mas efectivo por la gracia de Dios.


OA

DICIEMBRE 8

Decisiones acerca de la comida.
Para los comedores compulsivos, a veces les resulta extre­madamente dificil tomar decisiones acerca de la comida. Nos preguntamos si estamos comiendo lo suficiente o co­miendo demasiado, si estamos comiendo la comida ade­cuada, si mañana tendremos hambre. El proceso de pla­near nuestras tres comidas diarias puede ser mortificante si no somos capaces de decidir que alimentos elegir.
Aqui es donde un padrino nos puede brindar la ayuda y el apoyo que necesitamos. Como una persona que ya ha seguido el camino antes que nosotros estara informado acerca de nuestros menus, podemos relajarnos y saber que una persona objetiva verificara nuestras decisiones. Mientras, que hayamos elegido este dentro del plan de alimentación que nos hemos propuesto seguir, las decisio­nes seran acertadas.
. Una vez que hemos escrito y entregado nuestro plan para el dia a nuestro padrino, ya no necesitamos tomar hoy mas decisiones acerca de la comida. Al reconocer que nuestra preocupaci6n obsesiva porIa comida es una enfer­medad, desecharemos mas deliberaciones al respecto y seguiremos nuestro programa.

Hoy solo tomare aquellas decisiones acerca de la comida que sean necesarias para seguir mi programa.



Solo por Hoy

8 de diciembre
Llamar a un defecto, defecto

«Cuando vemos los defectos y los aceptamos, podemos desprendemos de ellos y proseguir nuestra vida»

Texto Básico, p. 40
Aveces, estar dispuestos a dejar que nos eliminen nuestros défectos de carácter depende del nombre que les demos a éstos.
Si no los llamamos por su nombre y nos parecen menos «defectuosos», quizás no logremos ver el daño que nos causan y si aparentemente son inofensivos, ¿para qué vamos a pedir a nuestro Poder Superior que nos los quite de nuestra vida?
Tomemos por ejemplo el hecho de querer «agradar a la gente». No parece tan malo verdad? Simplemente significa que somos personas agradables, no? No, de ninguna manera. Para decirlo bruscamente, significa que somos deshonestos y manipuladores, que mentimos acerca de nuestros sentimientos, creencias y necesidades, tratando de satisfacer a los demás para que accedan a nuestros deseos.
O tal vez pensemos que somos personas «tranquilas». ¿Pero «tranquilidad» significa desatender las tareas domésticas, evitar confrontaciones y elegir la rutina más cómoda? Entonces sería mejor llamarlo «pereza», o «postergación» o «rníedo». A muchos nos cuesta identificar nuestros defectos de carácter. Si es así, podemos hablar con nuestro padrino o los amigos de NA. Les describimos nuestro comportamiento clara y honestamente y les pedimos que nos ayuden a identificar nuestros defectos. Amedida que pase el tiempo, cada vez podremos identificarlos mejor y llarnarlos por su verdadero nombre.

Sólo por hoy: Llamaré a mis defectos por su verdadero nombre. Si me cuesta hacerlo, pediré ayuda a mi padrino.



ALANON

8 DE DICIEMBRE

 La Quinta Tradición señala cuál es el propósito de Al-Anon: ayudar a los familiares de los alcohólicos y describe cómo podemas lograrlo. A nivel personal, esta Tradición me ayuda a transformar el defecto de carácter del resentimiento en compasión.
De forma específica, me vuelvo más indulgente conmigo misma al aplicar los Pasos y curar los efectos devastadores del alcoholismo. Al ser indulgente conmigo, libero los resentimientos
que corroen mi alma y mi corazón y me impiden un despertar espiritual.
Al liberar mis resentimientos, puedo brindar compasión a los alcohólicos que forman parte de mi vida. Puedo amarme lo suficiente como para poder amarlos también a ellos aunque aborrezca la enfermedad que nos hiere a todos. Me lleno de amor y compasión que no puedo reprimir en mi
interior. Debo cornpartirlos con los demás. La compasión se convierte en la luz reconfortante de mi Poder Superior que brilla a través de mí para dar la bienvenida y consolar a otros amigos y familiares de alcohólicos.
¿De qué otras maneras puedo tener compasión por mí misma, por mis seres queridos alcohólicos o por mi grupo? Si soy demasiado estricta conmigo misma, puedo practicar "Progreso, no perfección."
Leer sobre la enfermedad del alcoholismo puede ayudarrne a comprender mejor a los alcohólicos que forman parte de mi vida. Doy la bienvenida a recién llegados a Al-Anon ofreciendo mi número de teléfono, un abrazo o la voluntad de escuchar y amar sin condiciones. Al brindarles mi apoyo y comprensión, completo el círculo de compasión que con tanta generosidad yo recibí.

Pensamiento del día
¿Cómo puedo demostrar compasión por mí y por los que me rodean? "Hoy practicaré la compasión. Primero, seré amable y amoroso conmigo mismo, pem no me detendré allí. Extenderé esta compasión a otros."
Valor para cambiar  Pág. 355